La capital portuguesa es pródiga en encantos, parecida su estética a la de un París chiquitito que sustituye las crepes por los pececitos de la huerta. La luz especial que envuelve a la ciudad, en un halo de suave alegría en cualquier estación del año, contrasta con la dulce tristeza que desprende su música más característica, el fado, como no podría ser menos en una ciudad llena de la nostalgia marinera. Si le gusta leer elija 'El año de la muerte', de Ricardo Reis de Saramago ,como libro de cabecera. Todo el encanto de la ciudad de las siete colinas aumentará al pasear por la Lisboa de los años 30, otra opción, igual de sugerente, es 'Lo que el turista debe ver', de Pessoa.