La palabra aborto se refiere a la interrupción prematura de un embarazo que produce la muerte del feto. El aborto puede ser inducido o espontáneo, es decir, provocado o no intencionado. El primero también se conoce como interrupción voluntaria del embarazo. El aborto inducido puede acarrear riesgos para la madre, tanto físicos como psicológicos, por ello es una decisión muy difícil sobre la que hay que meditar largo y tendido. El aborto espontáneo es la pérdida del embrión o feto por causas no provocadas intencionalmente antes de la semana 20 del embarazo. Si la pérdida se produce después de esta semana, se denomina parto prematuro. Las causas de un aborto espontáneo son varias, pero la más frecuente es la muerte fetal por anomalías congénitas del feto, sobre todo genéticas. También puede deberse a anormalidades del tracto reproductivo, a enfermedades sistémicas de la madre, como la diabetes, o a enfermedades infecciosas, como la toxoplasmosis, la Hepatitis B o el SIDA.